Superioridad

jun 21, 16 Superioridad

El consumo prolongado en el tiempo de cánnabis anula la capacidad de la persona para disfrutar de una manera natural y sana de las cosas buenas de la vida. Solo disfrutan u obtienen bienestar bajo los efectos de la droga. Esto se explica por la acción del THC (Tetrahidrocannabinol) sobre el SNC (Sistema Nervioso Central) en el sentido de que actúa sobre los receptores canabinoides (CN1) alterando su normal funcionamiento. El disfrute que antes uno obtenía tras una conversación animada entre amigos, haciendo ejercicio, bailando o escuchando música, esto es, liberando dopamina, se hace difícil o imposible cuando se sobreactivan los circuitos neuronales implicados de manera externa y artificiosa.

Por otra parte, el consumidor crónico es un adicto. Hace tiempo que no consume para pasárselo bien. Consume para paliar o evitar sensaciones displacenteras; consume para aliviar su síndrome de abstinencia, para aliviar la irritabilidad, el mal humor y la ansiedad, que son los síntomas de los trastornos relacionados con el cánnabis…”.

Esta cita corresponde a una reflexión de una alumna de un máster en drogodependencias de una universidad de la península ibérica.

Van pasando los años, se suceden los estudios, los análisis, y aún viendo como día tras día las políticas actuales sobre drogas fracasan, hay quien todavía se cree el cuento y va esparciéndolo desde la comodidad de la distancia.

En este artículo podemos leer unas reflexiones al respecto de las nuevas políticas que están llevando a cabo algunos países en materia de regulación del cannabis, y de los intentos de la sociedad civil organizada para intentar poner remedio a esta situación que ha sido generada a raíz de las políticas prohibicionistas. Escribir sobre ello de esa manera es indicador de una sensación de superioridad que trasciende lo humanamente posible, pues, ¿quien es cualquiera de nosotros para decir como se tiene que vivir la vida?

Consumos problemáticos han habido, hay y los habrán, tanto de sustancias psicoactivas como de deporte, de compras, de televisión. ¿Como podemos seguir pensando en el consumo problemático de alguna “droga” como agente causal y no como síntoma? En el mundo fatal que nos propone el autor de ese artículo, la perdición, llamada droga, es garantía de fracaso mientras que su abstinencia parece que es la panacea. En ese mundo terriblemente azotado por el consumo de cannabis debe sorprender que todavía no hayan reventado las paredes de las comunidades terapéuticas y otros centros que atienden a estos desviados.

¿Cuanta gente habrá que no sepa pasarlo bien ya sin un buen porro entre pecho y espalda? Estamos perdidos. Si algún día esa alumna tiene que intervenir con adolescentes consumidores de cánnabis ¿qué les dirá? ¿los verá como personas condenadas incapaces de disfrutar? ¿sentirá pena? ¿asco?

Por suerte, el mundo profesional la devolverá a la realidad y si tiene la suficiente capacidad de análisis y autocrítica descubrirá que la droga es igual para todos, y que lo que varía es cómo se consume, donde se consume, con quien se consume, qué se sabe de la sustancia consumida, qué se espera de ella, qué se intenta conseguir con el consumo…

La historia nos demuestra que el consumo de drogas de manera recreativa hay y lo habrá, que la autoatención con drogas hay y la habrá. Lo único que nos queda es trabajar para que esos consumos no generen riesgos a las personas y a la sociedad y acaben produciendo daños.

Si se quiere restringir el acceso de los menores al cánnabis se tendría que regular y gravar con impuestos para dificultar su acceso. En el marco legal actual es fácil obtener cánnabis en el mercado negro. ¿Regular sería garantía de que los menores no consuman? No, ni mucho menos, como pasa con el alcohol y con el tabaco lo seguirán consumiendo, pero la visibilidad del problema y su precio ejercerá mayor control que las actuales políticas.

Regular las drogas aliviaría la población carcelaria, facilitaría que personas que realizan consumos problemáticos se acerquen a centros de salud y se evalúe bien su caso. Tratar a los consumidores de drogas como infra-humanos juega en contra de los propósitos de salud general.

Y para acabar, la respuesta del tutor de la chica cuyo texto abría este artículo:

Muy buena descripción…

Añade, recuérdalo porque sé que lo sabes, que el ambiente, los compañeros -o incluso a veces los propios familiares- acaba reforzando el consumo y mediatizando las alternativas a este… Un mundo sin fin que se rompe cuando todo se hace insoportable… Pero mientras ayuda a difundir el consumo, a normalizarlo o introyectarlo en la vida de cada una de las personas, se expande sin remedio”.

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